31 julio 2013

AMIGAS TOXICAS: Con amigas como estas no hacen falta enemigos




Nuestras amigas son nuestras hermanas por elección. Por eso hay que elegirlas muuuuuy bien. Ya que a veces, creyéndolas hermanas del alma, traemos a nuestras vidas a malvadas hermanitas gemelas extraviadas dignas de una película de terror. 

Lo dramático de meter en nuestro círculo íntimo a una amiga tóxica es que su traición (que créanme llegará inevitablemente tarde o temprano) duele más que la del novio, marido y tooodos nuestros familiares juntos. No sé por qué la traición de una amiga duele tanto. Pero es innegable que duele como un parto natural sin anestesia, ¡no podríamos luego esperar menos de una mal nacida!

Para esta edición les preparé una breve guía de las amigas tóxicas que conviene evitar como si estuvieran hechas de una aleación de mercurio y uranio. Ellas son absolutamente tóxicas y esa frase de que “no hay mal que por bien no venga” no se aplica bajo ningún motivo a esta ecuación, pues con ellas el mal está a la orden del día y lo peor está solo a la vuelta de la esquina.

LA SERRUCHERA: Ella es la reina imbatible de la traición. Tiene trauma de segundo plato y le encanta recoger tus sobras, muchas veces antes de que siquiera hayas terminado de servirte. No sólo pondrá en su maquiavélica mira a todos tus novios y ex novios, sino también codiciará tu trabajo y tus otras amistades. Ella tendrá su serruchito bien afilado y siempre listo para cortarte las tablas del piso como en los dibujitos animados, y así sacarte de la escena. Crichi crichi crichi con su serrucho y ¡PUF! ¡Desapareciste!

LA REINA DE LA MIMICA: A la hora de imitarte, ni el mismísimo mimo Marcel Marceau lo hubiera hecho mejor que ella. Este tipo de amigas tóxicas se caracteriza por su absoluta falta de personalidad, que compensa intentando apropiarse de la tuya. Ella te copia en cada centímetro de tu regitud. Todo bien ya que al comienzo te sentiste alagada, y no te molestó que se comprara el mismo jeans Levi’s al día siguiente de que vos lo hicieras y tampoco te estresó cuando corrió al shopping a comprarse la misma camisa de HC que vos te compraste. Pero todo cambió cuando te copió asquerosamente el corte de pelo que te hizo Luján Halley en tu último cambio de look y cada uno de los recogidos fantabulosos que te hace Alexis de Dino. Cada vez que tiene un casamiento la HDP no sólo se maquilla ¡sino que parece que le pide a Faby Rojas que le haga una caracterización mostrándole tu foto! En cima la tenés que bancar en tu clase de pilates, de yoga y en todos y cada uno de tus eventos sociales. Lo peor es que te va a perseguir haciéndote de espejito hasta que le zarandees y le digas ¡Baaaaastaaaaaa!

LA CIZAÑERA: Ella siempre tiene la brasita encendida para tirar leña al fuego. No desperdicia oportunidad para hablar mal de todo tu círculo de amigas, contándote todos los chismes del vecindario, y todas las cosas que fulanita y menganita dicen de vos a tus espaldas. Lo peor de todo es que sus revelaciones no las hace por buena tipa, sino por perra maquiavélica que es. La muy descarada está jugando astutamente sus cartas para ganarse puntos extra contigo, al mismo tiempo que le saca del mapa a todas tus más queridas amigas. Si le prestás la oreja, en poco tiempo te quedarás solita y ella se convertirá en tu única BFF gracias a todas las mentiras y patrañas y citas fuera de contexto que muy astutamente usó a su favor. Frente a este tipo de amigas tóxicas, no olvides nunca que a palabras necias, no hay nada mejor que prestar oídos sordos.

LA DOBLE CARA: Esta es otro de los especímenes traicioneros que suelen rondar serpenteantemente entre las amistades. Ellas no desperdician oportunidad para sacar toooodos tus trapitos sucios al sol, revelar todas las intimidades que le confiaste, sicoanalizar tu vida y obra y darte palos y cañearte hasta que se le paralice la lengua viperina por tanta ponzoña. Por supuesto frente a vos será un SOL, pero ni bien cruces el umbral de la puerta, ella empezará a hablar mal de vos. Si tus orejas están rojas, ponele la firma que la doble cara te está bajando la caña agazapada en algún rincón.

LA USURPADORA: Estas amigas tóxicas por lo general son añadiduras tardías a nuestro grupo de amigas. Neciamente las presentamos a todas nuestras amigas creyéndola una divina, pero antes de que nos demos cuenta, la muy mosquita muerta divinamente ya le puso a todas tus amigas en tu contra y se encuentra ocupando tu lugar en el que fuera tu grupo íntimo. También tienden a querer usurpara nuestros lugares con nuestros padres, hermanas y familiares cercanos. Cada vez que te peleás con tu mamá, ella con la excusa de “mediar” termina aliándose con tu madre para ganarse su favor. Al poco tiempo será más íntima de tu mamá que de vos, hasta el punto que  más que amiga parecerá tu nueva hermana adoptiva.

LA DENSA: Ella es más pesada que caldo avá de criptonita. Ella está enojada con Dios, con el mundo, con el gobierno, con la vida y con ella misma. Todo le cae mal, ella es doctora suma cum laudae en todología y se cree la última brownie de la confitería. La adoptaste por lástima pero ninguno de tus amigos te secundó en la adopción, por lo que cada vez que salen juntas todos tus demás amigos se evaporan al verla y terminás teniendo que bancarte su densedad solita y sola. ¡La solidaridad tiene sus límites honey!

LA CALAMITOSA: Esta amiga tóxica lleva el meter la pata a toda una nueva dimensión. A las mete patas se las perdona porque una sabe que no lo hacen apropósito, además por lo general sus errores son pequeños y con el tiempo se vuelven anecdóticos. Las calamitosas por su lado, causan estragos. Son imanes para el caos y donde sea que ellas estén siempre habrá problemas, bochinches e interminables dolores de cabeza. Lo peor de todo es que siempre terminan arrastrando a sus amigas al centro del huracán. ¡Háganse un favor y evítenlas para que haya paz en sus vidas!

LA REINA DEL DRAMA: Estas amigas tóxicas son desastres emocionales con patas. Ellas siempre tienen algún drama que solucionar o que llorar. Lo peor es que una termina siendo el pañuelo de estas eternas reinas del melodrama, adictas a los dolores, quebrantos y angustias. Son ominosas. En su vida siempre hay algún problema, todo les sale mal, y el elemento telenovelero siempre está presente.  Tienen tanta mala suerte que pareciera luego que al nacer sus madres pasaron bajo una escalera, derramaron la sal, rompieron un espejo y se cruzaron con un gato negro de ida a la sala de parto. No es de extrañar que vengan con historias que superan ampliamente a la ficción. Tampoco es sorprendente que te venga con una historia del tipo que un ómnibus le chocó a su novio, y que justo en el ómnibus viajaba su prima hermana y que luego la ambulancia que transportaba al atropellado chocó contra una moto y el chico terminó en terapia intensiva. La prójima lo terminó cuidando abnegadamente como novia ejemplar y el muy hdp ni bien se despertó de su coma tras 47 días, se enamoró perdidamente de la enfermera que venía a cambiarle el suero dos veces al día y que era luego la hija del chofer del ómnibus que lo atropelló.  Si tenés una amiga para quien historias como estas están a la orden del día, mejor que no te prestes para escuchar sus llantos o vas a terminar conviviendo una vida que parece guionada a la semejanza de una mala telenovela matutina.

CABALLEROS ERAN LOS DE ANTES: EN LA BÚSQUEDA DEL CABALLERO PERDIDO




¿Donde están? ¡Por favor díganme dooonde estáaan! ¡¿Los príncipes azules?! ¡Ma que príncipe azul, que ya no estoy como para creer en cuentos de hadas! Lo que busco es algo real, pero lastimosamente en peligro de extinción. ¡Pregunto dónde están los caballeros! ¿A dónde fueron a parar los modales y las buenas costumbres y la tan necesaria caballerosidad de los hombres?

Es que no hay vuelta que dar, ¡caballeros eran los de antes! Ahora hay solo una mansalva de giles que de Caballero tienen sólo el apellido, pero de caballeros de buena cepa y fina estampa, creo que no llegamos ni a un puñado. Los hombres hechos y derechos, bien plantados y educados, de esos que te abren la puerta del auto para bajar, que te tienen como a una reina, que te prestan el saco cuando tenés frío y que te corren la silla para que te sientes son más escasos que neuronas de miss tanga.

Los hombres ya no tratan con respeto y deferencia a las mujeres. Nosotras, como necias quejándonos de que no nos abren más la puerta del auto. ¡Pero que esperanza! Pero que esperamos si ni siquiera son capaces de darnos paso con tal de avanzar medio metro en un semáforo y si osamos interponernos en su camino le bajan 10 bocinazos al hilo seguido de una sarta de sandeces con un: “mujeeeeer luego tenía que seeeer CARA&%#!”.  

Si no te topetás con un australopitecus lo más probable es que te aparezca con el polo opuesto: un metrosexual, un valor que tiene más cremas que vos, lee blogs de moda,  que de tanto que va al solárium le dieron una tarjeta de millas, que se cuida tanto que te da vergüenza comer frente a él y que es más narcisista que una prima ballerina. Y como vas a pretender que este hombre te cuide, te mime, te proteja y te admire, si está embelesado con su propio reflejo en el estanque de lodo. El pobre está convencido que él es el princeso de la relación. Ponéle la firma que, con tal de no arruinar su look, no te va a prestar su saco por más que te pongas azul de frio y te empiecen a castañear los dientes de la hipotermia.

No busques más a los caballeros que saben conquistar a una mujer con su encanto, su ingenio y sus gestos. Menos uno que te seduzca con su verba. Los hombres de hoy están acostumbrados a los levantes digitales. Te invitan a salir por el chat del Facebook, flirtean contigo por el Wassup desplegando como mayor demostración de su “ingenio de hidalgos” burdos piropos floreados con emoticones y, tras haber agotado su ronda de touch and gos, terminan rompiendo contigo por mensaje de texto. ¡LOL!

Los chicos de hoy han perdido también el romanticismo de los hombres de antes. Las serenatas, los galanteos, las demostraciones de afecto sinceras son reemplazadas por las posturas fabricadas, forzadas y falsas de nuestros habituales playboys rústicos, que creen que ser románticos es lanzar piropos por doquier hasta que alguna pelotuda muerda su anzuelo. Ellos no están interesados en tomarse el tiempo de manifestar su amor ni de conquistarnos si vivimos en la era de la instantaneidad y de la glorificación de las golfas. Para qué perder el tiempo conquistando a una dama si seguro pueden encontrar a una fulana que se le regale o en última instancia que le haga “el favor” a cambio de una “ayuda” para su combustible.
Para complicar más aún el cuadro, los hombres de hoy han perdido muchas nociones básicas de la buena educación. No sólo no te corren la silla, sino que son capaces de dejarte parada como una pelotuda sentándose ELLOS en la única silla disponible. Han cambiado tocar el timbre por tocar la bocina y “se hacen respetar” siendo prepotentes y soeces.

Bien decía Arturo Pérez Reverte que “Un caballero es aquél que lo es sin esforzarse por serlo y sin pretenderlo.” Un verdadero caballero no vive una simulación, sino que simplemente ES cortés y RESPETA a las mujeres. No se disfraza de galante o romántico para ligar una noche, sino que expresa o manifiesta con sinceridad sus sentimientos. Por último, un caballero hecho y derecho es VALIENTE. No teme ir de frente, se anuncia a viva voz, y  cuando mete la pata (porque los caballeros también son humanos) tiene los suficientes huevos para dar la cara y bancársela en vez de borrarse o refugiarse en excusas y pretextos. 

Lastimosamente, estamos en un mundo en el cual no hay más ni príncipes ni caballeros, y las damiselas en apuros ya sólo nos encontramos ante una gran masa de sapos y princesos. ¡Oh! ¡¿Y ahora quién podrá defendernos?!

07 mayo 2013

POR HERENCIA MATERNA: TODO LO QUE HEREDÉ DE MI MADRE



“¡Sos ideeentica a tu madre!” Esta temida frase puede salir de la boca de alguna tía amorosa a son de piropo (por más de que no lo tomes como uno) o de la boca de tu marido no tan amoroso en plena pelea y a son de insulto (porque sabe bien que nos ofende de sobremanera).

Por más que amemos a nuestras madres – con todos sus defectos y virtudes- desde muy temprana edad, la mayoría de las niñas JURAMOS por la blonda cabellera de nuestras Barbies, que JAMAS seremos iguales a nuestras madres.

Pero la herencia materna es algo fuerte, misterioso e inevitable. De ella nadie se salva. Irremediablemente terminamos viéndonos calcadas a nuestras progenitoras, ante nuestro mismo asombro y resignación. De nuestras madres heredamos mucho más de lo que queremos admitir….

En honor a nuestras madres en sus días, hoy las recordamos haciendo un elenco de todos los defectos y virtudes que heredamos de ellas.

EL ARTE DEL PLAGUEO: ¡Claro que es un arte! Lo triste es que recién nos damos cuenta de ello cuando empezamos a practicarlo. Plaguearse es como improvisar monólogos, es como gritarle a la vida sus verdades. Hay mucho histrionismo y mucho drama en ellos. Hasta podría decirse que se trata de un arte escénico. Yo le daría un Oscar a mi madre por sus plagueos encadenados. Toda nuestra infancia juramos y rejuramos que no seremos plagueonas como nuestras madres, pero ni bien nos convertimos en madres se nos activa, como una especie de don de lenguas, el chip del plagueo encadenado:“hace-tu-tarea-apaga-la-tele-que-se-te-van-a-poner-cuadrados-los-ojos-no-juegues-con-el-iPad-que-te-idiotiza-y-tenes-que-estudiar-porque-osino-vas-a-salir-burra-como-tu-tía-Fulgencia-que-la-pobrecita-se-aplazó-tantas-veces-que-tuvieron-que-crear-un-grado-negativo-donde-meterla-y-no-te-olvides-de-repasar-matematicas-que-heredaste-mi-inhabilidad-para-los-numeros-que-yo-herede-de-tu-abuela-que-era-tan-burra-como-la-tia-Fulgenciay!-ay!-caraj…..pip…pip…pip-les-dije-mil-veces-que-recojan-sus-juguetes-que-esta-casa-parece-un-bazaar-del-mercado-ni-los-refugiados-afganos-viven-en-semejante-caos-es-que-como-luego-van-a-salir-ordenadas-si-son-igualitas-a-su-padre-que-no-es-capaz-ni-de-guardar-la-toalla-en-su-lugar!!!!” En un solo lamento se abordan continuadamente todos los problemas domésticos. Díganme si no hace falta ingenio para lograr esto. ¡Es toda una obra de arte!

LAS VISITAS TELEFÓNICAS: Edison inventó el teléfono para transportar el sonido. Pero nuestras madres nos enseñaron que puede transportar mucho más que palabras. Para ellas hablar por teléfono es como teletransportarse. Es que sus llamadas duran lo que una visita, y abarcan el mismo contenido. En las 4 horas que duran sus conversaciones con sus amigas toman el té, meriendan, chismean, se elogian, lloran, ríen, desnudan su alma, le masacran al desgraciado de turno….es prácticamente como si se estuvieran visitando sin salir de sus casas.

SENTIRNOS ORGULLOSA DE SER DIFERENTE: La fruta nunca cae lejos del árbol. Cada set de madre e hija es diferente y único y sentimos que todas aquellas diferencias que nos caracterizan son especiales y fantásticas. En mi caso nuestro origen vegetal es sin lugar a dudas la de una fruta exótica, estamos entre una lychee y una carambola. Si hubiera una fruta rayada, seríamos esa. Mi madre y yo somos maniáticas, excéntricas y anormales por donde se nos mire, porque en realidad, no existiría peor castigo en la tierra para nosotras que despertar un día y ser totalmente normales. ¡TIEEEMBLO! Porque junto a nuestras peculiaridades hemos heredado la facultad de verlas como un don y de sentirnos absolutamente orgullosas de ellas.  El aceptar nuestra diferencia me hizo más fácil en la vida aceptar las diferencias ajenas y sobretodo amar a la gente diferente. En un mundo tan variopinto como el nuestro, créanme que es un don ver la belleza en la gente distinta.

FIDELIDAD A TU PELUQUERÍA: Estoy segura que en todas sus familias, la fidelidad a la peluquería es sacrosanta. No sé porqué las madres van desarrollando una fidelidad férrea por su peluquería. Podemos cambiar de gustos, de pareja, de amigas, de casa, de trabajo… pero de peluquero ¡JAMAS! Tiene que ocurrir algo verdaderamente grave para que vayamos a caer en manos desconocidas. No hay nada mejor que ya conozcan tus gustos, complejos y manías. No tener que dar explicaciones y luchar para que te interpreten. Simplemente sentarte, como en la barra del bar de la esquina, y pedir: “lo de siempre”.

TENER AMIGAS ES SANO: Cuando nuestras madres se reúnen con sus amigas del alma, dejan de ser nuestras madres. En ellas se produce una regresión al pasado, ríen y se relajan por completo. Todas nuestras madres tienen amigas que ellas eligieron por que las complementan y las comprenden. En mi caso, en el universo paralelo de nuestra anormalidad, mi madre me enseñó que no sólo era importante tener amigas, sino que tener amigas locas nos mantiene cuerdas. Con ella aprendí a rodearme de amigas y amigos locos. Gente divinamente loca, parafraseando a Kerouac: locos por vivir, locos por hablar, deseosos de todo al mismo tiempo, que nunca bostezan o dicen cosas comunes…. Como diría mi tía Maru: ¡Gente como uno! Puedo decir que el grupo de amigos de mi madre, es un LUJO. Mujeres que admiro tanto por ser auténticas, sinceras, compañeras, divertidas, curiosas, diferentes, alegres y jóvenes de espíritu. Ellas han sido mi ejemplo para aprender a rodearme de amigas así. Ellas son quienes me mantienen cuerda cuando todo parece desmoronarse.

SER MANIÁTICA: Las manías se heredan. No hay vuelta que dar. A veces se heredan y se multiplican. Si bien no siempre tenemos las mismas manías, siempre terminamos siendo maniáticas a nuestra manera y con nuestros temas. En mi caso, mi madre es maniática con los horarios y el orden, yo por mi parte soy maniática con la ropa y la comida. La sencillez no es un rasgo familiar. Nos gusta ser diferente y sobre todo ser complicadas. Cada día aparecen nuevas manías que me sorprenden hasta a mí misma. ¿Jeans que dan dentera? CHECK. ¿Odiar las milanesas pero amar las milanesitas? CHECK. Como dije…. La fruta no cae lejos del árbol.

NUESTROS SECRETOS DE BELLEZA: Todas nuestras madres tienen un secreto de belleza que tarde o temprano terminamos incorporando a nuestra rutina. Ya sea la crema para las hemorroides para tapar las ojeras genéticas, o la mascarilla nocturna que nos deja impresentables a partir de cierta hora. Lo que pasa es que no sólo heredamos las manías y costumbres, obviamente heredamos también los defectos familiares: las caderas anchas, las arrugas precoces, la propensidad a la celulitis, las  infames canas prematuras. Obviamente cuando vemos que tenemos las mismas infames pecas que nuestras pecosas madres empezamos a embadurnarnos de jugo de limón hasta parecer una limonada con patas, tal y como lo hacían ellas.

NUESTRO ORDEN O DESORDEN: Yo estoy firmemente convencida de que el orden y el desorden se heredan. Esto no es una herencia propiamente dicha, sino más bien un aprendizaje. Con el ejemplo nuestras madres nos transmiten todos sus defectos y virtudes. Quieran admitirlo o no, siempre terminamos imitándolas. Si son unas despatarradas obviamente seremos el triple de despatarradas. Si son ordenadas y organizadas, tarde o temprano, terminaremos siéndolo también nosotras.  

EL TALENTO PARA GENERAR SENTIMIENTO DE CULPA: Esto parece que es algo que todas las madres vamos desarrollando a medida que crecen nuestros hijos.  Llegamos a ser verdaderas PHD en esta ciencia, al punto que ya ni necesitamos esforzarnos en persuadir a nuestros hijos para que hagan lo que nosotros queremos. Simplemente se aplica un "está bien (pausa laaaarga)... como vos digas (suspiro, suspiro)" expresado con cara de martir y voz de sufrida y ya está todo solucionado.  Que pucha! Maquiavelo queda hecho un bebé de pecho frente a nuestras madres a la hora de emplear el sentimiento de culpa para ganar sus batallas!


SENTIR NOSTALGIA POR EL PASADO: Todas nuestras madres son nuestra ventanita al pasado. Quien no se ha deleitado escuchando como su madre hablaba de lo que ocurría y se usaba “en su época”. Todo parece glorificado cuando se trata de sus épocas y no de la nuestra. Se ponen nostálgicas hablando de tías abuelas finadas que había sido eran aún más maniáticas y locas que nuestras viejas. Nuestras madres nos enseñan sobre nuestras raíces, ellas ponen el nombre a aquellos rostros que ignoramos del álbum familiar, nos cuentan anécdotas e historias de nuestros antepasados y nos hacen darnos cuenta de que poder disfrutar de nuestros recuerdos es como volver a vivir nuestra vida.

02 abril 2013

LA MOSQUITA MUERTA: PEOR QUE EL DENGUE





En esta época del año el país entero se alía para combatir al dengue, luchando juntos, armados de citronella, insecticidas y variopintos repelentes contra los mosquitos. Yo le propongo a mis queridas lectoras para unirnos en otra gran batalla para erradicar a una de las plagas más antiguas de nuestro país: la mosquita muerta.

Para una mujer, no hay peor suplicio en este mundo que tener que sufrirla a una mosquita muerta. ¿Por qué? Porque nosotras sabemos que ella está ahí, agazapada bajo ese disfraz de “niña bien y bien intencionada”. A nosotras no nos vende el cuento. Conocemos su verdadera naturaleza. ¡El problema es que somos las únicas en notarlo! Todos los demás se creen el cuento de que es la reencarnación de la Madre Teresa de Calcuta en el cuerpo de Lady Di. Pero nosotras, las mujeres inteligentes del mundo, no bajamos la guardia y nos bañamos de repelente para que la bicha ni nos roce.

No se dejen engañar por su apariencia de dulce e inofensiva, que este bicho no tiene nada de inocente. Pero lo más dramático es que ellas logran engañar con una facilidad tremenda a los hombres siempre desprevenidos y a las mujeres de buen corazón. Se muestran tal cual damiselas en apuro, incapaces de dañar ni a una mosca, más buenas que Lassie sedado y más noble que el Chapulín Colorado. Calladitas calladitas van envenenando la sangre de sus insospechadas víctimas, para cuando la gente se percata de su esencia nociva, el daño ya está hecho y las consecuencias son irreversibles. Recién en este momento, cuando ya ha logrado su objetivo de infligir daño sacando el máximo provecho, la “inocente” criatura revela su verdadera naturaleza de predadora sexual y depravada moral.

Ellas vienen en todos los tamaños y colores, ya sea  disfrazada de secretaria hacendosa o de mejor amiga, su apariencia inicial es  absolutamente inofensiva. Ella no se presenta como una potencial rival para poder pasar discretamente bajo el radar de su víctima. Nada en su presencia amenaza. Su vocecita es dulce y apenas audible. Sus ojos siempre están fijos en el suelo y por motivos más que obvios jamás de los jamases y nunca de los nuncases se atreverá a mirar a sus víctimas a los ojos. Sus comentarios son siempre buenos y justos. Ella pobrecita angá siempre tiene una historia de llantos y lamentos que parece robada de la trama de alguna novela de siesta. Ella siempre empieza su ataque colocándose en el rol de prójima víctima.

Además de su lenguaje corporal, su aspecto físico tampoco se presenta para nada amenazante. Si bien esconde una vampiresa interior, su exterior es poco relevante. No es ninguna beldad y su cuerpo no presenta señales de tuneo. Nada en ella delata su naturaleza de predadora sexual. No esperen que se presente como una bomba sexy de alargues platinados con bucles en las puntas, curvas sinuosas y voz de locutora vespertina. Lo más probable es que tenga pinta de bibliotecaria, de pueblerina inocente, de poca cosa.

Inicialmente se presenta como una bienintencionada criatura, como un ser dulce y angelical, moralmente intachable, esforzaaaada, cumpliiiida, educaaada, guaaapa, simpaaatica, iluminada por Dios, entusiasta de la paz mundial y protectora de las ballenas y recolectora de perros abandonados. Pero la realidad, es oscura, muy oscura. Bajo esta piel de cordero yace una loba más peligrosamente seductora que Shakira en minifalda. En el fondo hay una criatura maléfica, envidiosa, falsa, hipócrita e imperiosamente necesitada de estropear la vida del prójimo.


La mosquita muerta jamás se acerca a sus víctimas de manera directa. Ella siempre vuela en círculos a su alrededor (algo que debería delatar su naturaleza carroñera). Primero se hará íntima de algún miembro de su familia, o de algún amigo o incluso de su novia o esposa. Se pondrá en campaña chupando la media, adulando, agasajando sistemáticamente con regalitos y detalles y mostrándose siempre disponible para dar una mano, hasta ganarse la simpatía de su víctima y de todo su círculo más intimo. Pero recuerden queridos, ellas siempre tienen una agenda. Una vez que ha invadido por completo todo tu medio ambiente no parará hasta lograr su objetivo: controlar a todos, cautivar a la víctima y luego sembrar el caos. 

Nadie se salva de su ataque voraz y pernicioso ya que todos hemos sido víctima alguna vez en nuestras vidas de este bicho endemoniado. Sus tácticas de reproducción maravillarían al mismísimo Darwin por su efectividad. Armada de falsedades ella deja tras de sí la más absoluta devastación. Créanme querida lectoras, la mosquita muerta es la más letal de todas las plagas. Cualquiera que haya pasado por una lo puede confirmar. ¡Creanme, es peor que el dengue mis honeys!

11 marzo 2013

La dignidad Femenina




Las mujeres tenemos que tener en claro tres cosas: que somos mujeres, que somos dignas y que somos valiosas. Nadie tiene derecho a empañar nuestro lustre porque sencilla y llanamente nacimos para BRILLAR.

Hace mucho tiempo leí un cuento cortito y hermoso. Se llamaba “La Fábula del Sapo y La Luciérnaga” y prácticamente hablaba de dos sapos gordos y horrendos, de esos que orinan en los ojos, irritan la piel al tacto y son más feos que el Ecce Homo de Cecilia Giménez Zueco. De pronto una hermosa y radiante luciérnaga voló sobre ellos deslumbrándolos con su luminosa belleza. La luciérnaga se acercó a ellos y uno de los sapos (el más feo y horrendo de los dos) se la tragó. El otro sapo asombrado le preguntó: “Pero porqué la mataste si los sapos no comemos luciérnagas?” Y este muy orondo contestó: “Porque brillaba”.

En la vida, muchas mujeres brillantes nos acercamos peligrosamente a personas de este tipo. A nefastos sapos humanos que intentan apagarnos. Por eso las mujeres debemos tener mucho cuidado con los sapos y ser conscientes de que nuestra luz, puede encandilar a ciertos bichos.

El tener cuidado obviamente no significa que tenemos que brillar menos, ni mucho menos escondernos para que no nos persigan. Sino ser conscientes de nuestro valor y volar aún más alto para que nos miren… pero de lejos.

No hay nada más triste que ver a una luciérnaga caída. Aquella mujer que ha sido víctima de uno de los tantos sapos y reptiles que rondan la tierra. Ellas se han olvidado que tienen luz y que llevan una invencible fuente de poder en su alma femenina. Ellas le temen a la libertad, le temen a decidir su camino, le temen a la soledad de la noche y terminan apagadas y escondidas o aplastadas por los crueles sapos.

La mejor manera de mantenernos luminosas como mujeres es aprendiendo a tener dignidad. La dignidad es el respeto que una persona tiene de sí misma. El respeto hacia una misma nos provee de una poderosa espada contra quienes intentan lastimarnos y un escudo, que asegura que quien la tenga no puede hacer nada que la vuelva despreciable a sus propios ojos. ¡Luciérnagas ármense de coraje y protéjanse con su dignidad, que no hay nada más poderoso en la tierra que una mujer digna!

Muchas veces se confunde dignidad con la pasividad y la sumisión. Que seas digna no quiere decir que tengas que dar la otra mejilla y sufrir estoicamente frente a los ataques enemigos. La dignidad implica saber hacerse respetar y si para hacerse respetar es necesario que  vuelen unos cuantos mechones, no duden en poner un poco de “orden divino” con sus propias manos. Como dice mi tía Kikina: “¡Que nadie te baje el penacho!” ¡Esto es ser digna caramba y no quedarse de brazos cruzados frente a la vida!

Pero que seamos dignas no implica que no suframos. Claro que dignas y todo sufrimos. Pero lo bueno es que una mujer digna sabe encontrar consuelo en su propia dignidad. Sabe que a pesar de las penurias, nuestra dignidad nos mantendrá a flote sobre el lodo y sobre todo los sapos que allí habitan.

Aquí les paso un decálogo para mantenerse a flote: los 10 mandamientos de la dignidad femenina:
  1. ¡No te pongas linda para un hombre ciego honey! Ponéte regia para vos misma. Se como la abuela de mi amiga Carla, que de tan digna, a sus 80 años duerme maquillada para que la muerte no la encuentre desarreglada. ¡Eso es ser digna! 
  2. No manches tu pelaje. Si sabés que algo te va a ensuciar, rebajar, vejar ¡no lo hagas! Es así de fácil. Decir no es reeee digno. Cada vez que te sientas débil, pensá en el armiño de invierno, que prefiere que lo atrapen los cazadores antes de manchar su alba piel con lodo.
  3. No dependas de nadie más que de vos misma. La mujer que vive dependiente de otra persona, se vuelve inválida y se anula. Por más de que tu marido sea un regio que te mantenga, buscate a menos un hobby o estudiá por gusto para que el día de mañana tengas una profesión, talento u oficio que te permita decirle Adious con acento gringo al desgraciado.
  4. Jamás permitas a nadie ponerte un dedo encima. Los únicos hombres que puede llenarte de moretones son Carlos Bacchetta y Fer Barriocanal. O sea, tus cirujanos de confianza. Si tu rostro amoretonado no es el producto de una rinoplastia, querida no tengas miedo. Buscá ayuda que lo más seguro es que la vas a encontrar. No inventes excusas. No creas que es tu culpa. Corré, olvidalo y denuncialo para que no vuelva a lastimar a nadie más.
  5. Jamás permitas que pronuncien tu nombre en vano. Vos sos una diosa y como tal tenés que ser respetada. Que nadie te acuse falsamente, ni jure en tu nombre, ni te maltrate verbalmente. Defendete, contestá y mandalos a cantar el himno americano a Irán.
  6. ¡Amate a ti misma! En todos los sentidos de la palabra. Literal y metafóricamente y en todas las dimensiones posible. Recuerda siempre que vos vales todo lo que deseas. Nada es imposible ni inmerecido para tí. Vos podés alcanzar todos tus sueños y tenés la fuerza adentro tuyo hasta para exigir aquello que considerás tu derecho. Con la boca se pide lo que se quiere y toda mujer digna sabe que tarde o temprano conseguirá lo que busca y jamás nadie le hará desistir ni creer que es imposible o ridículo.
  7. Recuerda que ser feliz es un ejercicio. Hay que perseguir constante e insistentemetne a la felicidad. Encuentra algo que amas hacer y que puedas hacer cada día de tu vida por puro gusto. Sonríe a la vida y muéstrate alegre y agradecida cada día. Por más feo que se te pinte el panorama, siempre vas a encontrar alguna nota de color que te de motivos para ser feliz. Ser positiva cada día te hará cada día más feliz.
  8. Rebelate al machismo. Ninguna mujer puede ser digna manteniéndose sometida al yugo machista. Educá a tus hijos para que respeten y valoren a las mujeres, educá a tus hijas para que se respeten y se valoren a sí mismas. No vayamos a engañarnos. Que nuestro país aún está repleto de australopitecos involucionados que siguen convencidos de que las mujeres tenemos orgasmos repasando el piso de la cocina, que nacimos para servirles y que no tenemos derecho a protestar y menos aún de sentirnos iguales. Y bueno, en realidad no seremos nunca iguales. Bien lo dijo la dama de hielo: “En cuanto se concede a la mujer la igualdad con el hombre, se vuelve superior a él.
  9. No mendigues amor. El amor no se ruega, se inspira y si no logras inspirarlo de balde vas a suplicarlo. Cuando un hombre te quiere nada puede hacer que se aleje. Cuando no lo hace, nada podrá hacer que se quede. ¡Dejalo ir, y hacelo con gusto, porque como diosa que sos, te merecés ser amada por sobre todas las cosas!
  10. Hacete respetar querida. Que nadie nunca te baje el penacho ni apague tu brillo. ¡Shine bright like a diamond!